Monopolio, Oligopolio, Cártel
No vamos hablar de los daños del sistema capitalista a nuestro mundo sino al revés: veremos cómo ciertas estructuras pueden dañar este sistema, al entorpecer su elemento fundamental: la competencia. Estos "venenos" son muy conocidos por el propio sistema, que los penaliza de variada manera.
La primera de estas estructuras a las que nos referiremos es el monopolio. Se trata simplemente de que la producción y comercialización de ciertos bienes corren a cargo de una sola empresa, con lo cual desaparece la posible competencia. Por este motivo, su existencia está prohibida en las legislaciones correspondientes. La más conocida es la famosa ley norteamericana Sherman Act. Por su aplicación fueron obligados a dividirse los monopolios Standard Oil (petróleo) y AT&T (teléfonos).
En este punto hay que hacer notar, sin embargo, que existen formas aceptables de monopolios: los monopolios estatales, que en el Uruguay son bien conocidos: UTE, ANTEL, ANCAP... Los beneficios que surgen para la comunidad de esta forma de monopolio son conocidos: proveen al país de empresas de adecuado tamaño (grande) con producciones de fuerte interés nacional o estratégico.
Veamos ahora otra forma de "veneno" del capitalismo: los oligopolios, que se diferencias de los monopolios en cuanto a que en vez de una sola empresa lo forman más de una, pero en cantidades pequeñas, de manera que es más fácil evitar las actuaciones legales. Pero siguen siendo una estructura que tiene poder para favorecerse a sí misma, con poca dependencia del bien común. Un ejemplo posible de oligopolio es el de la telefonía celular en el Uruguay, que se reduce a cuatro empresas.
Ahora toca referirse a un paso más en estos esquemas que dominan los mercados de manera abusiva: los cárteles. Se trata de una forma de oligopolio en el cual las empresas implicadas acuerdan arreglar producción, precios y reparto de mercados con el obvio motivo de mejorar ganancias por falta de competencia. También los cárteles son objeto de sanciones administrativas por los gobiernos capitalistas, dado lo contrario que resultan al esquema de libre competencia.
Pero los cárteles tienen una manera insidiosa de actuar impunemente, que es mantener el secreto de su existencia pública. En la historia de la economía existen algunos casos que resultan estruendosos cuando se conocen. Por ejemplo, los arreglos entre Krupp y General Electric respecto al carburo de tungsteno (widia/carborundum) y los de la alemana IGFarben con la ICI inglesa.
Pero, lamentablemente, existe una forma de constituir un cártel con pocas dificultades, basada en la inexistencia de regulaciones internacionales. El caso más conocido es la OPEP (petróleo), cuyas maniobras de fijación de precios y regulación de producción son harto comentadas. Otro ejemplo de cártel, menos conocido, es la IATA, que fija los precios y condiciones del transporte aéreo, aunque últimamente, con la aparición de las compañías de "bajo coste" su importancia ha disminuído.
Para finalizar, vamos a hablar no de un "veneno" del capitalismo sino de un posible veneno para la comunidad de usuarios: la obsolecencia programada. Se trata de que la fabricación de los productos se vuelvan inservibles después de un cierto uso. Esto puede ser normal, pero lo que es impropio o discutible es que esta obsolecencia sea programada, o sea que en su diseño y/o fabricación se planeen de forma deliberada, obligando así a su renovación.
Hay un par de casos famosos de obsolecencia programada, con consecuencias dañinas para el consumidor. Uno de ellos es el plástico nylon, que cuando su inventor (Dupont) se dio cuenta que era prácticamente eterno, decidió que era necesario bajar su durabilidad para poder multiplicar su venta. Otro caso de picardía de fabricantes es la de las lamparillas de filamento de tungsteno. En este caso, se formó el cártel Phoebe, de existencia secreta, del cual hay documentos que muestran su voluntad y acción de programar la fabricación de lámparas, que no tenían que durar más de 1000 horas (!). Esta conducta era severamente vigilada por el propio cártel.
En realidad, la obsolecencia programada puede ser defendible en ciertas circunstancias. Una de ellas es que programar evitando la obsolecencia puede encarecer el producto y/o dificultar su necesaria modernización. Otra afirmación a favor de esta conducta es que se impulsa el consumo, factor básico en cualquier economía.
En contra, se afirma que se fomenta un perjudicial consumismo con sus defectos. Un ejemplo claro es la moda del vestir, que exhorta las compras empleando discutibles tácticas de presión social a través de una publicidad explícitamente engañosa. Además, muchos ecologistas afirman que el volumen de residuos que se generan en estas condiciones nos conducen a un futuro temible.

